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Juan de Aldama y González nació en 1774, en San Miguel el Grande, estado
de Guanajuato, siendo sus padres Domingo de Aldama y María Francisca González
Riva de Neira. Perteneció al regimiento de caballería de las milicias de la
reina, pero en 1809 fue invitado por el capitán Ignacio Allende a participar en
la conspiración de Valladolid, que al ser descubierta marcó el inicio de la
Guerra de Independencia.
Tuvo contacto con el cura Miguel Hidalgo y Costilla, caudillo del
movimiento, y fue él justamente quien al darse cuenta de que noticia de la
conspiración había llegado a oídos de las fuerzas españolas, en septiembre de
1810 partió a Dolores con el fin de prevenir a sus compañeros.
A su llegada al pueblo, Allende e Hidalgo estaban ya de reunidos, y
aunque al principio no estuvo de acuerdo en la precipitada decisión de
adelantar el movimiento de la insurgencia, al final acató las órdenes del
caudillo que hizo sonar las campanas de la iglesia para convocar al pueblo.
Era la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Al día siguiente, el
gobierno español, ya en conocimiento de los últimos acontecimientos y de los
nombres de los líderes del movimiento, puso precio a las vidas de Hidalgo,
Allende y Aldama, quien valerosamente siguió adelante sin amedrentarse ante el
peligro que corría.
En la ciudad de Acámbaro, fue nombrado teniente general de los
ejércitos, a los que dirigió en la batalla de Aculco y Puente de Calderón.
Después de la derrota Juan de Aldama se dirigió hacia el norte del país,
siempre al frente de sus tropas. Lograron llegar hasta Acatita de Baján donde
fueron delatados y aprehendidos la mañana del 21 de marzo de 1811. Los
realistas determinaron que fuera trasladado a chihuahua, donde el tribunal
militar lo condenó a muerte.
Transcurrió
la última noche preso, acompañado de Jiménez, Allende y Santa María y fue
fusilado 26 de junio de 1811 junto con los ya citados. Su cabeza fue colocada
en una jaula de hierro y exhibida en la Alhóndiga de Granaditas.
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